Fuente de la imagen, Federico PARRA / AFP via Getty Images Estados Unidos está logrando algo inaudito en Venezuela: impulsar cambios y reformas profundas en ese país contando, al mismo tiempo, con la colaboración, el consentimiento o la resignación tanto del gobierno como de la oposición venezolana. Inmediatamente tras la impactante captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump sorprendió de nuevo al respaldar a Delcy Rodríguez -entonces vicepresidenta de Maduro- como la persona encargada de llevar adelante los cambios que Washington quiere lograr en Venezuela. "Esencialmente está dispuesta a hacer lo que nosotros creemos que es necesario para hacer a Venezuela grande de nuevo", dijo Trump, al tiempo que agregó: "No tiene otra opción". Rodríguez fue reconocida como presidenta interina y no parece haber decepcionado a Trump, a juzgar por los frecuentes halagos que él le dedica. En estos meses, EE.UU. asumió el control de la venta del crudo venezolano -principal fuente de riqueza del país- y ha estimulado el regreso de las petroleras estadounidenses al país con miras a reactivar ese sector. Washington ha impulsado cambios en la legislación petrolera y minera de Venezuela de cara a favorecer la inversión privada en esos sectores, mientras explora opciones para recuperar el sistema eléctrico venezolano, factor imprescindible para que haya una recuperación económica en el país. Además, ha ido levantando sanciones y abriendo camino para la paulatina reincorporación de Venezuela a programas y organizaciones internacionales de los que había quedado marginada. En temas de política interna, EE.UU. es considerado el motor del diálogo político que recién se está iniciando entre el gobierno de Rodríguez y un grupo de opositores encabezados por Dinorah Figuera, la última presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015. Final de Más leídas Mientras que, en política exterior, su influencia se hace sentir en el callado distanciamiento ent
Fuente: BBC Mundo — Ver nota original