Lapatilla agosto 20 2026, 11:42 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Aristóteles enseñaba en su ética que la felicidad humana se encuentra indivisiblemente ligada a las virtudes morales, y que estas no surgen por azar: se perfeccionan únicamente a través de la práctica. Se trata de la praxis de la medianía. Ante la presencia de dos extremos opuestos, la sabiduría dicta apuntar siempre al centro exacto, una búsqueda que se equipara a la precisión de trazar el punto medio en un círculo. Es así como van germinando en la sociedad la prudencia, la justicia, el coraje, el discernimiento y tantas otras actitudes indispensables que alejan a los hombres y a las naciones de los abismos del extremismo. Por ello, que la encargada del régimen, Delcy Rodríguez, haya celebrado con un mensaje en redes sociales el centenario del natalicio de Fidel Castro, halagando de manera desmedida al dictador, representa una abierta demostración de exceso y radicalismo. Lisonjear sin moderación ni balance a una figura histórica como Castro ignora deliberadamente el trágico saldo de su gestión. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos Castro dejó a Cuba en condiciones sociales y económicas dramáticas. Incluso, hacia el final de su vida, llegó a admitir públicamente que el modelo económico cubano “ya no funciona ni siquiera para nosotros”. Los datos de la historia son implacables: Cuba, que antes del ascenso de Castro en 1959 figuraba entre las tres economías más prósperas de América Latina, terminó relegada al último lugar del continente tras 49 años de gobierno
Fuente: La Patilla — Ver nota original