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El secretismo de Israel en torno a Pegasus, un activo para ganar influencia

Jose Carlos Grimberg Blum
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NSO, ACTIVO DIPLOMÁTICO

Los recientes escándalos de espionaje “nunca afectan a Israel“, sino a NSO, pero la empresa “opera con licencia del Gobierno y ha sido clave “en los juegos diplomáticos y económicos” del Estado, asegura el abogado, quien apunta a que muchos países de la comunidad internacional evitan señalar directamente a las autoridades israelíes porque ellos mismos se han servido del software espía

Mientras se acumulan los escándalos de espionaje con Pegasus en España y el resto del mundo, el secretismo en torno a este software es total en su país de origen, Israel, que lo ha usado como instrumento para proyectar su influencia mundial y optimizar sus lazos diplomáticos con varios Estados.

Desde hace años, activistas y grupos de derechos humanos israelíes buscan poner límites al programa, frenar su exportación y conocer la lista de clientes de su empresa productora, NSO Group, pero todos sus intentos en Israel han sido hasta ahora en vano.

Una de las caras más visibles de esta lucha es Eitay Mack, bogado israelí que quiere vetar el uso de Pegasus y reclama el derecho a conocer cómo el Estado judío y NSO gestionan su venta.

NSO dice que solo vende Pegasus a gobiernos y agencias estatales para luchar contra el terrorismo o el crimen organizado. Sin embargo, “la tentación de abusar del sistema para obtener ganancias políticas o violar derechos de opositores y voces críticas es demasiado grande”, considera Mack a Efe, quien aboga por su “prohibición total”.

UN MURO DE OPACIDAD

Desde hace tiempo, este abogado ha presentado numerosas peticiones al Estado y la Justicia para obtener detalles de las exportaciones del software o pedir la cancelación de sus licencias, pero todas han sido rechazadas o siguen pendientes de respuesta, explica.

Según denuncia, ese “secretismo” y “falta de transparencia” son propios de la vía libre que Israel da a su potente industria armamentística y de inteligencia militar, con tecnologías punteras que tienen mucha demanda. Entre estas, Pegasus fue su producto estrella.

De acuerdo con Mack, la política del Estado judío se ha basado tradicionalmente en dejar que sus empresas firmen pactos bajo el radar con regímenes de todo tipo, ya sea dictaduras, autocracias, países que vulneran derechos humanos o involucrados en conflictos armados, todo ello sin desclasificar documentos ni rendir cuentas públicas.

Israel siguió este patrón con Pegasus: alimentó su exportación por interés propio e hizo la vista gorda a las violaciones cometidas por muchos gobiernos que lo adquirieron, asegura Mack.

Entre ellos estarían países como España o EE.UU., democracias en retroceso como India, Polonia o Hungría, y monarquías autocráticas como Arabia Saudí o Marruecos.

NSO, ACTIVO DIPLOMÁTICO

Los recientes escándalos de espionaje “nunca afectan a Israel“, sino a NSO, pero la empresa “opera con licencia del Gobierno y ha sido clave “en los juegos diplomáticos y económicos” del Estado, asegura el abogado, quien apunta a que muchos países de la comunidad internacional evitan señalar directamente a las autoridades israelíes porque ellos mismos se han servido del software espía.

De hecho, es el ejecutivo israelí quién tienen la última palabra para decidir a quién vender o no el programa: un organismo del Ministerio de Defensa supervisa y debe dar el visto bueno a todas sus exportaciones, ya que Pegasus es considerado un tipo de armamento.

Pero ni Israel ni NSO han hecho nunca pública la lista de países clientes, alegando confidencialidad y razones de seguridad, lo que ha sembrado aún más sospecha entre sectores críticos.

Pegasus también habría sido usado por Israel como moneda de cambio para moldear a su favor los lazos con otros países y lograr ciertos objetivos diplomáticos, según el diario The New York Times.

México y Panamá cambiaron su postura hacia Israel en votos clave de la ONU tras obtener acceso a Pegasus, y éste también influyó en las negociaciones de los Acuerdos de Abraham, con los que Israel normalizó relaciones con Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos en 2020. Los tres países árabes ya disponían del software.

Israel y Arabia Saudí -con lazos aún extraoficiales pero cada vez más cercanos- estrecharon también vínculos a través de Pegasus, que Riad habría comprado en 2017 y cuyo acceso habría perdido tras el asesinato del periodista disidente saudí Jamal Khashoggi en 2018.

Aún así, el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, logró recuperar el servicio tras llamar al entonces primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que intervino para que se retornara el software a los saudíes, según el diario estadounidense.

PEGASUS SE USA EN CASA

A ello se suman las primeras evidencias este año de que la Policía israelí usó Pegasus para espiar a ciudadanos del país. La Autoridad Nacional Palestina acusó a Israel de usarlo contra sus funcionarios y también contra activistas palestinos.

Esto hizo que la Asociación para los Derechos Civiles en Israel (ACRI) presentara demandas a la Justicia pidiendo aclaraciones, aún sin respuesta. En 2021, EEUU también impuso sanciones a NSO tras el escándalo sobre el uso indebido del sistema contra activistas, reporteros o políticos, que reveló una investigación periodística global.

La empresa empezaba a ser tratada como una bestia negra e Israel se veía forzado a anunciar un endurecimiento del control de sus exportaciones. Sin embargo, Mack lo vio más bien como una medida cosmética para que el Estado judío cubriera sus espaldas.

“No hay presión sobre el Gobierno israelí”, que “no paga ningún precio” por las violaciones cometidas, concluye Mack. Joan Mas Autonell.

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