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El empresario también es el líder

Las cosas con las que habitualmente se enfrenta un empresario, es lograr una organización alineada con su propósito empresario; es decir, una organización motivada y comprometida, capaz de llevar a cabo la estrategia de negocios y alcanzar los resultados buscados.  En el caso de las pequeñas empresas o empresas familiares, implica a veces a desarrollar también una organización en la que el dueño pueda delegar, para salir del día a día y poder ocuparse de diseñar el futuro de su empresa, así lo confirma el empresario Luis Alfredo Farache Benacerraf.

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Este desafío conecta con la necesidad de liderazgo y se ha convertido en un tema prioritario de las organizaciones en la actualidad. El entorno cada vez más complejo y cambiante en que se desenvuelve la actividad económica requiere organizaciones efectivas, que desarrollen una “forma de hacer las cosas” y que permita aumentar la productividad e innovar en la propuesta de servicios, productos y clientes atendidos, para aumentar la competitividad de la empresa y asegurar su desarrollo sustentable a largo plazo.

Luis Alfredo Farache

Cuenta Luis Alfredo Farache Benacerraf  que la experiencia muestra que normalmente los fracasos se deben no a estrategias erróneas, sino a organizaciones no alineadas. El factor clave es una cultura que dé lugar a un entorno de trabajo estimulante, que favorezca el alineamiento de la organización con el propósito empresario y la profesionalización de la empresa. El mayor punto de apalancamiento del desempeño del negocio es la cultura.

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¿En qué consiste el liderazgo capaz de crear esa cultura, de suscitar el entusiasmo y alentar el compromiso? ¿Qué hace que un empresario se constituya en un líder para sus colaboradores o su organización? ¿Cómo se desarrolla ese liderazgo? Pues el liderazgo tiene básicamente dos componentes: la orientación hacia una meta y la influencia en la conducta de las personas. Dice Luis Alfredo Farache Benacerraf , la orientación hacia una meta trasciende la idea de objetivos a corto o largo plazo; tiene que ver con un sentido de propósito, con dar significado al trabajo más allá de lo económico. Las personas buscan algo en su trabajo, un deseo de servir, de construir algo. No sirve una misión hecha por una cuestión de imagen o porque todas las empresas lo hacen. El alineamiento de las personas que integran la organización significa que éstas se sienten representadas en ese propósito que han contribuido a definir, del que se sienten parte. Pocas cosas tienen tanta fuerza como el sentido de una meta trascendente y compartida. Una característica que define a los buenos ambientes de trabajo es el orgullo de las personas por el trabajo realizado, los logros de su equipo y la pertenencia a la organización.

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La influencia sobre las conductas de las personas es el resultado de una manera de relacionarse con ellas que genera credibilidad y reconocimiento de la autoridad moral de aquel que conduce. Esto está muy lejos de la peligrosa idea de motivar para que “el otro haga lo que yo quiero”. No se trata de manipular bajo el eufemismo de motivar. Por el contrario se trata de despertar el entusiasmo y la implicación de las personas, alentando lo mejor que hay en cada una, dice Luis Alfredo Farache Benacerraf.

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